El Síndrome Post Vacacional se gesta un mes antes de las vacaciones

Roberto Crobu - Socio-Director de Öptima: Coaching, Formación, Orientación

EL SÍNDROME POST VACACIONAL SE GESTA UN MES ANTES DE LAS VACACIONES (Pequeños Trucos Para Prevenirlo O Aliviarlo)

Si la “Operación Bikini” consume ríos de tinta en los periódicos en la fase preliminar de las vacaciones, el “Síndrome Post-Vacacional” le sustituye a la vuelta de las vacaiones en esas mismas páginas.

No es casual mi comparación del “Síndrome Post-Vacacional” con la “Operación Bikini” puesto que ambos conceptos acaban siendo tratados con muy poca consideración y respeto, debido al mal uso que se hace de ellos y a las desastrosas consecuencias que tienen todos los comportamientos que se esconden detrás de estos paradigmas psicológicos.

Ambos términos de hecho esconden problemas y conductas en ocasiones problemáticas para las personas; ambos suelen aparecer  una sola vez al año y, el periodo en  que comercialmente aparecen en las páginas de periódicos no suele coincidir con el momento en que se pueda realmente hacer algo para resolver los problemas que esconden.

Al igual que una operación bikini tiene escasos resultados si se pone en marcha justo antes de las vacaciones, el síndrome post-vacaciones tiene poca solución si se afronta justo después de ellas.

Entonces me pregunto, ¿Porqué no invertir el orden de aparición y hablar de prevención del “síndrome post-vacacional” antes de las vacaciones y de “operación bikini”  en Septiembre, con todo un año por delante para nuestra “puesta a punto” física?

De hecho se lucha contra el síndrome post-vacacional antes, durantes y después de las vacaciones, y no solamente al regreso. Es necesario para ello asumir una perspectiva de “prevención y acción”:

ANTES DE LAS VACACIONES:

  1. Evitar pensar en las vacaciones como la “Panacea” o la “Solución a nuestros males”, “El momento en que nuestros sueños se hacen realidad”, “El momento de felicidad ante una vida de esfuerzo y sacrificio” o como “Lo mejor de nuestra vida”, sino como un momento de descanso a aprovechar. Esto nos ayudará a no idealizar este periodo y por el contrario despreciar todo lo que nos mantiene alejado de ello: estas actitudes nos resultarían muy dañina al regreso.
  2. Evitar programar estar ausente durante periodos largos de tiempo: las clásicas vacaciones de 1 mes, aún permitiendo una total desconexión, nos alejan demasiado tiempo del entorno laboral, lo cual no nos permite “controlar” o prever lo que podemos encontrar al regreso: mayores dificultades para afrontar los cambios o la gran cantidad de trabajo acumulado que conlleva (imaginemos 1 mes de e-mail sin atender).
  3. Evitar concentrar las vacaciones en un solo periodo al año primando más bien la posibilidad de disponer de 2 periodos de vacaciones al año, y un par de días sueltos para aprovechar en coincidencia de puentes u otras fechas de interés: nos ayudará a pensar que no tendremos que esperar mucho tiempo para volver a disfrutar de ellas.
  4. Planificarse una vuelta al trabajo con tareas cortas y sencillas:   “trabajo light” (limpieza de la mesa, archivo de documentos, correo, etc.), en contra de la recuperación de viejos “browny”, es decir “marrones no resueltos”.
  5. Irse de vacaciones con los deberes hechos y evitar marcharse con frentes abiertos, proyectos por entregar y decisiones por tomar: al regreso habremos olvidado muchas cosas y podrán haber pasado nuevos acontecimientos que se nos presenten en forma de sorpresas negativas que pueden echar para atrás muchos días de esfuerzo y trabajo previo.
  6. Evitar tener citas marcadas previamente o reuniones importantes durante los primeros días de incorporación.
  7. Planificar la vuelta al trabajo antes de los jefes y de los clientes: nos ayudará a aclimatarnos con unos días más tranquilos antes de encontrarnos a todo el mundo ”funcionando a tope”.
  8. Evitar planificar la re-incorporación de lunes, con el fin de evitar tener una semana larga de trabajo por delante que puede desmotivar o agotar repentinamente por “no estar acostumbrados”.

DURANTE LAS VACACIONES:

  1. Dedicar cierto tiempo al descanso y la contemplación antes que intentar “aprovecharlo” todo hasta el último segundo: esto nos llevaría a estresarnos por hacer cosas, antes que relajarnos.
  2. Evitar estar ociosos o dormir todo el tiempo, ya que esto abriría el diferencial de ritmo de vida al regreso.
  3. Realizar actividades que nos permitan seguir manteniéndolas a lo largo del resto del año, antes que actividades “extra-ordinarias”: esto aliviaría el diferencial entre “vacaciones” y “periodo de trabajo”.
  4. Mantener unos horarios de comida y descanso similares a los que se siguen cuando se trabaja, sobre todo dos o tres días antes de la incorporación.
  5. También es importante la elección de los alimentos, intentando mantener una dieta constante que evite el paso de un tipo de alimento “típico de las vacaciones” a otros “típicos del periodo de trabajo”: comer en casa los primeros días es más conveniente antes que pasar de las croquetas de la abuela al tupper recalentado en el micro-ondas del trabajo, o al menú del fast-food o del bar debajo del trabajo.
  6. Controlar los ciclos luz-oscuridad y sueño-vigilia: es importante desde unos días antes de incorporarse al trabajo la asunción de pautas de sueño y vigilia similares a las que se suelen mantener cuando se trabaja: en este sentido es aconsejable evitar trasnochar, dos o tres días antes de la incorporación, y evitar así el “madrugón repentino” el primer día de trabajo.
  7. Evitar “saltar de la colchoneta a la silla de trabajo”, pudiendo volver de las vacaciones dos o tres días antes de reincorporarse al trabajo: como aquel montañista que tiene que aclimatarse al entorno para ascender en escasez de oxigeno, pasa lo mismo a quien vuelve del clima templado de la playa al bochorno de la ciudad, o del ritmo laxo del campo a los sonidos y ritmos frenéticos de la ciudad, o de la rutina pausada de la casa de vacaciones a las listas de cosas por hacer que requiere la casa donde residimos el resto del año. Todo ello influye en el estrés del retorno.

DESPUÉS DE LAS VACACIONES:

  1. Seguir actividades que empezamos a practicar durante las vacaciones: nos ayudará a mantener aquellos momentos agradables que disfrutamos durante las vacaciones.
  2. Tener o buscar cosas placenteras que hacer durante los primeros días de regreso (ver a los amigos, correr, pasear, hacer deporte, ir al estreno de una película, ir de compras, etc.): nos ayudará a descentrarnos de la melancolía y nos enfocará hacia pensamientos y acciones positivas.
  3. Pensar en organizar las siguientes vacaciones: saber que estamos organizando otras vacaciones nos ayudará a ver las próximas vacaciones más cercanas (pensar en destinos posibles, coger panfletos, ver mapas, cosas por ver o hacer en esos destinos).
  4. Realizar pequeños cambios en el entorno físico de trabajo (mesa, paredes, etc.) con el fin de evitar asociarlo con el periodo previo a las vacaciones y evitar agravios comparativos entre la bonita sensación de relajación de las vacaciones  y el estrés del día a día del trabajo.
  5. Organizar la agenda diferenciando lo importante de lo urgente: nos ayudará evitar centrarnos en cosas que parecen o son urgentes pero no aportan quizás mucho al trabajo (es decir no importantes).
  6. Evitar realizar intensas jornadas de trabajo: intentar cumplir con el horario formal durante los primeros días, y plantearse actividades agradables al salir: nos ayudará evitar pensar que “volvemos a entregar nuestro tiempo a la empresa”.
  7. Centrar las relaciones laborales con los compañeros más agradables y con las personas de confianza: nos ayudará a respirar cordialidad y buen ambiente.
  8. Evitar tomar decisiones trascendentales o evitar re-incorporarse en periodos que requieren tomarlas: al no estar muy lúcidos y adaptados, podemos descuidar pequeños detalles y cometer errores: además el peso de las decisiones no nos ayudaría a sentir más agradable el trabajo.
  9. Ser conscientes de estar pasando un periodo transitorio de adaptación necesaria que durará unos días y acabará, y evitar hacer de eso un drama o una enfermedad.
  10. Evitar recurrir a los fármacos o medicamentos, a menos de tener diagnosticado otro problema más constante (ansiedad, estrés, depresión, etc.).
  11. Programar nuestra mente enfocándola hacia los nuevos retos a alcanzar y posibles beneficios que nos puede traer la próxima etapa laboral: nos ayudará a poner en marcha acciones de voluntad hacia el trabajo antes que permanecer en una actitud pasiva, de expectativa, o defensiva.
  12. Re-programar nuestra mente contrastando cada idea negativa sobre el regreso con otra idea que nos demuestre en que puede ser provechoso ese regreso. Un ejemplo en un periodo de crisis es contrarrestar el pensamiento negativo “se me han acabado las vacaciones” con otro positivo “me siento afortunado por tener un trabajo en un periodo como este”. Se trata de la técnica más efectiva contra los síndromes más agudos, donde al desagrado por terminar las vacaciones se añade la presencia de conflictos o problemas laborales. En estos casos, la ayuda de un profesional puede hacer más eficaz el proceso de readaptación.

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