Resistencia al cambio: ¿Son la capacidad de adaptación y la flexibilidad las competencias más eficaces?

Roberto Crobu - Socio-Director de Öptima: Coaching, Formación, Orientación

En mis primeros 10 años de consultoría de Recursos Humanos, “Resistencia al Cambio”, “Flexibilidad” y “Capacidad de Adaptación” son quizás las palabras que más se han repetido en las conversaciones con otros profesionales del sector y gerentes de empresas, tanto a la hora de diseñar acciones formativas para mejorar habilidades, como a la hora de planificar objetivos de coaching, como en la evaluación de los “puntos débiles” de una persona en el trabajo.

 

La flexibilidad y la adaptación a los cambios son competencias muy perseguidas en las empresas tanto a la hora de buscar profesionales, como ante la necesidad de desarrollar habilidades en actuaciones de formación.

Pero ¿Hasta qué punto es útil y efectivo tener a personas “flexibles” y “adaptables a los cambios” en las empresas?

Para contestar a esta pregunta creo conveniente analizar no solo las ventajas, sino las desventajas de estas competencias.

Ventajas. desde el punto de vista físico, ser flexibles nos permite adaptarnos a los cambios de diferentes entornos y condiciones de trabajo, tanto climáticas como disciplinarias y organizativas, logísticas, de horario, etc.; también nos permite modular nuestras necesidades teniendo en cuenta el ambiente y las posibilidades que este nos ofrezca, y suplir con nuestro esfuerzo aquellas faltas existentes para superar limitaciones que el entorno nos imponga; desde el punto de vista mental, ser flexibles nos permite cambiar nuestras creencias y pensamientos en función de nuevos puntos de vista: comprendemos más y mejor a los demás, podemos reconocer mejor y corregir nuestros errores, aceptamos más a quien piensa diferente, provocando así menos roces y menos conflictos; en pocas palabras nos volvemos más tolerantes, abiertos, menos dogmáticos y menos rígidos en perseguir ese “orden mental” preconcebido que nos impide ver la cosas de otra manera: somos menos resistentes a los cambios.

Desventajas. Una persona que se adapta fácilmente suele tener unos componentes o rasgos de personalidad muy claros: antes que todo se adapta, para lo bueno como para lo malo. Puede que peque de conformista, puede que ello limite su ambición personal para conseguir objetivos; puede que con ello no luche tanto para “cambiar” unas circunstancias incómodas para la empresa, sino para adaptarse y convivir con ellas. Una persona extremadamente flexible puede que llegue a la paradoja de la “veleta”, es decir cambiar su criterio conforme cambien las situaciones: esto tiene encerrado un gran potencial de problemas, puesto que los cambios, a partir de un momento, necesitan algo de estabilidad para consolidarse. Y para la estabilidad es necesario tener criterios firmes, más vinculados a un modelo de pensamiento “rígido” antes que “adaptable”.

Quizás la cuestión no está en ser “Adaptable a los cambios”, sino de ser “Flexible”. La flexibilidad y la adaptabilidad son dos cuestiones diferentes.  La flexibilidad tiene una componente “activa” que la diferencia de la mera adaptación a los cambios. Una persona flexible es por tanto una persona crítica, que se cuestiona las cosas barajando si es bueno actuar de una manera o de otra. No se conforma con un punto de vista único: busca alternativas, hace preguntas, toma la iniciativa, propone ideas nuevas.

Una persona flexible es una persona que no solamente se adapta a los cambios, sino que los promueve.

Pero ¿Estamos realmente dispuestos a tener personas así de “flexibles” en la empresa? ¿Estamos dispuestos a que por su flexibilidad cuestionen decisiones, propongan alternativas o se hagan promotores de cambios, incluso “desde abajo”?

Tenemos que tener claro que si todo ello no compensa la necesidad de tener a personas “Flexibles”, tendremos que pensar más bien en personas simplemente “Adaptables”, siendo conscientes que no podemos pretender de las personas “simplemente adaptables”, esa iniciativa como para transformar  y volver a su favor situaciones incluso incómodas, ya que su adaptabilidad les llevará más bien a convivir con ellas.

Quizás la cuestión no está en ser o no Flexibles o Adaptables: en cierta medida, todos somos “flexibles y adaptables”: nos enfrentamos continuamente a decisiones que implican cambios, desde vivir con una pareja, tener hijos, cambiar de casa, seguir las pautas para superar una enfermedad, etc.

Es más, según el científico suizo Piaget, el proceso de aprendizaje y formación desde la infancia consiste en un “equilibrio” entre la Adaptabilidad y la Rigidez: por un lado los procesos de Asimilación permiten absorber nueva información susceptible de causar cambios en nuestras estructuras mentales existentes; por el otro el Acomodamiento permite la construcción de nuevas estructuras mentales, “fijando” la nueva información y generando nuevos esquemas “firmes” de funcionamiento. Todos somos en cierta medida Firmes y Adaptables a la vez: otra cosa es que seamos capaces de equilibrar ambas fuerzas para que fluctúen positivamente.


Algunos expertos argumentan que el problema surge de que las personas en sí mismas son incluso más adaptables y flexibles que las empresas: según esta postura, quienes más se resisten al cambio suelen ser las organizaciones, en parte debido a los miedos o intereses personales de sus más altos directivos, y en parte debido a las normas, reglamentos y procedimientos, que condicionan negativamente al cambio organizacional.

En definitiva, todos estamos más o menos capacitados para decidir de aportar cambios en nuestra vida, ¿pero podemos decir lo mismo desde el interior de una empresa?

Quizás la esencia de todo no está en la Flexibilidad o Adaptabilidad entendidas como “Aptitudes”, sino como “Actitudes”, es decir la voluntad de querer cambiar, y la autonomía personal de poder hacerlo, cuando uno lo considera....

Nadie se resiste a los cambios.....la cuestión es que a nadie le gusta "tener que adaptarse" a ellos sin disponer de la posibilidad de decir que no.....