Sobre entrega y compromiso en la organización

Antonio Angel Pérez Ballester - Socio Director de INFLUYE

Las palabras las empleamos sin detenemos demasiado en su significado. Si además solemos vivir en la burbuja de nuestra organización, y mezclamos las emociones, la confusión puede ser importante.

La lectura de El despido interior de Lotfi EL-Ghandouri, me ha aportado descubrimientos, y me gustaría compartir algunas reflexiones con vosotros.

Las organizaciones demandan y exigen compromiso y entrega. Los responsables de personas demandan vinculación y contribución para alcanzar los objetivos “de la Empresa”. Pero si profundizamos en las palabras, no son lo que parecen.

 

Compromiso. Obligación contraída, palabra dada. Se fija mi contribución, y tengo que cumplirla. Do ut des; Me pagas y te doy.

Contribución. Cuota o cantidad que se paga para algún fin y principalmente la que se impone para las cargas del Estado. Casi todas las acepciones contienen implícitamente esta obligación.

Vinculación (vínculo). Unión o atadura de una persona con otra. El resto de acepciones no dejan duda: obligación.

Sin embargo, utilizamos habitualmente estos términos para enfatizar el tipo de relación que nos gustaría tuvieran con nuestra empresa sus miembros, como si el empleo de estas palabras hiciera referencia a algo más trascendente, por encima del contrato jurídico.

Pensemos también en nosotros, cuando iniciamos la actual relación con nuestra empresa, queriendo sorprender a nuestros jefes y colegas. Llegamos con fuerza e ilusión, entregando mucho más de los que se esperaba de nosotros. Y el grupo, lo reconocía, e incluso te lo decía personalmente.

Habitualmente trascendemos el marco del contrato, que para nosotros no supone nada. Ni horario, ni derechos laborales, porque nosotros somos empresa.

Entrega. Atención, interés esfuerzo, en apoyo de una o varias personas; de una acción o de un ideal. Ir más allá, sacar lo mejor de nosotros, poner nuestro SER, sobrepasar lo demandado. Aquí está la diferencia. La entrega.

Y llega un momento en el que no sientes que te reconozcan; en el que los planes de desarrollo y promoción no se cumplen, la retribución  es una piedra de granito, y el trato ya no es cercano. Tú te alejas, te vas despidiendo interiormente, y comienzas a ceñirte al compromiso, a tu vínculo legal y a medir tu contribución.

Pero Ellos no lo aceptan. Lo que antes consideraban un Plus, ahora es norma; la superación es un deber. La entrega no es un regalo, se exige.

Tú vuelves al nivel del contrato (¿alguna vez estuviste allí?), pero no se consiente, y se te reprocha. Cuando te defiendes argumentando que eso, lo hacías porque tú querías, se te responde es tu obligación, te pagamos por eso.

Tú no te sientes reconocido, porque has incrementado los estándares y el rendimiento, sin que crezca en igual proporción, el apoyo ni el reconocimiento.

La vida se desperdicia como agua transportada en un cesto. Si llegamos a este punto y lo percibimos claro, trae cuenta tomar decisiones, pues merece la pena cambiar libertad con incertidumbre, por seguridad sin disfrute.